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Plaza Mayor

domingo, 3 de agosto de 2008

Un escandalo persistente


POR CHARO QUESADA *. 17 de octubre de 2003



El ver niños y niñas a cualquier hora trabajando, mendigando, durmiendo o simplemente deambulando solos por las calles de América Latina y el Caribe ya no sorprende a nadie. Forma parte del paisaje urbano.



Quizás algunos se pregunten por qué esos niños y niñas andan sueltos por ahí en horas de escuela o en momentos en que la mayoría de los niños de su edad se encuentran recogidos en sus hogares, haciendo las tareas de la escuela, conviviendo con sus familias o durmiendo apaciblemente en sus camas.



¿Quién los ha echado de las escuelas y de sus hogares?

“Los errores de nuestra sociedad”, denuncia Bruce Harris, director de Casa Alianza, con 20 años de experiencia en la región. Harris tiene otra respuesta menos abstracta sobre las causas del problema. “El niño de la calle es un producto del machismo, de la violencia contra la mujer. No se celebra su nacimiento. No hay cómo darle de comer. Tiene hermanos de diferentes padres. La madre trabaja todo el día. Su juguete es la tierra. No tiene niñez que recordar con alegría. Su vida es amarga desde un principio”, concluye.



La extremada pobreza y la desintegración familiar son los dos factores cruciales que conducen a que niños y niñas “empiecen a optar por la calle porque prefieren la miseria con libertad, la calle como alternativa”, explica Mauro Vargas, director de EDNICA (Educadores de Niños de la Calle) en Distrito Federal de México, donde los cálculos oficiales apuntan a unos 20.000 niños y niñas callejeros. Las recientes dificultades económicas y sociales por las que atraviesa la región han agravado el problema, provocando la salida de miles de niños y niñas de sus hogares y sembrando el pesimismo entre los especialistas que trabajan con esta población en riesgo. “Me preocupa que últimamente haya muchas familias sin hogar, niños que ya nacieron en la calle. Esto perpetúa el círculo de abandono y abuso”, explica Miguel Ángel López, director de CONACMI (Asociación Coordinadora Nacional Contra el Maltrato Infantil) en Guatemala.



Los riesgos que corren los niños de la calle no dejan de ser pavorosos por bien conocidos que sean: violencia física y psicológica, abusos sexuales, embarazos, drogas, enfermedades de todo tipo incluyendo SIDA, crimen, secuestros, tráfico de personas. “Cada día aumenta el número de niñas incorporándose a la calle, lo que ha incrementado la prostitución infantil”, asegura Isidora Velázquez, directora de COMPARTIR, organización que tiene una red de casas de apoyo a niños y familias en Honduras.



La gran paradoja es que en aciertos aspectos se ha avanzado mucho en el tema. En algunos países la conciencia pública sobre las causas y posibles soluciones del problema —reflejada en la cobertura de los medios— ha evolucionado de manera considerable. La concepción formal de los derechos del niño en cuanto a familia, educación, salud, seguridad aspectos afines se ha fortalecido. Gracias en gran medida a los esfuerzos de los defensores de los niños durante los últimos 20 años, todos los gobiernos de la región, a excepción de Estados Unidos, ratificaron la Convención de los Derechos de la Infancia adoptada por Naciones Unidas en 1995. Ahí está la ley, ahora hay que aplicarla. Harris comenta con cierta ironía que por lo menos “se ha logrado poner en el marco legal todos los derechos que están siendo violados”.



Naturalmente, la mirada se vuelve hacia los gobiernos responsables de defender estos derechos. Los expertos reconocen los esfuerzos que han realizado los gobiernos por atender el problema, sobre todo por medio de reuniones, seminarios, y eventos que buscan elevar la conciencia pública del tema. Pero la voluntad política no se ha reflejado en los recursos. Las instituciones que se ocupan de la niñez son débiles, y los programas que un gobierno comienza, el siguiente pocas veces los continúa. En general, los esfuerzos oficiales parecen más bien esporádicos. “Las iniciativas sobre la niñez”, declara Marta Lucía de la Cruz, “se relegan a un segundo lugar cuando surgen temas más coyunturales”. En Bolivia, por ejemplo, Mónica Pacheco, directora de PRODEFA, Fundación para Promoción y Desarrollo de la Familia, predice que en este año electoral, “la situación de los niños en riesgo no es halagadora, no es una prioridad”.



“Los gobiernos me siguen pidiendo paciencia, pero yo no tengo”, enfatiza Harris. “Veo que el control de los programas sociales está en manos de los ministros de finanzas. Los derechos de los niños se financian con la plata que sobra, si sobra”, concluye.



* Bid-América

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